Coco Díaz


«No puedo decir nada demasiado bueno ni demasiado malo sobre mi hermano. Roberto es así, un tipo mediocre».

«Mediocre es el trabajo administrativo que festejó tanto, mediocre es la mujer que eligió para casarse y mediocres son las ideas que propone para mejorar este prostíbulo: que por qué no contratamos seguridad más económica, que por qué no rebajamos el whisky con agua, que por qué no conseguimos preservativos más baratos, que por qué no abrimos un arancel más barato por participaciones simples, que por qué no vestimos a las chicas con motivos caribeños… esas son las ´grandes ideas´de mi hermano».

«Pero —más allá de esta chatura— lo que no pude tolerar nunca es lo que hizo cuando lo nombraron Jefe en una de esas oficinas de coches: cambió su apellido, diciendo que ´Díaz´ (el que nos legó nuestro padre) era vulgar y no se correspondía con ese ´gran cargo´ al que había accedido».

«Eligió entonces llamarse ´Etchenagucía´ que como usted sabe es mucho más aristocrático…»

Coco Díaz sonríe cuando finaliza esta frase sobre la barra del bar de «Rimel¨. Su interlocutor es Anselmo Ciccione, un habitual cliente del local desde su inauguración.

Alejandro Puga

Libro «Digesto de Costumbres Registrales II», Mayo de 2001

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