Derramamientos de Sangre

«Digesto de Costumbres Registrales Tomo II», Compilación

Los partidos políticos, los equipos de fútbol, la Iglesia Católica y cualquier familia tiene disputas frecuentes. Se trata de diferencias de opinión o posturas frente a la vida que parecen irreconciliables, aunque siempre acaban encontrando su punto de equilibrio.

En el Registro del Dr. Roberto Etchenagucía, en cambio, esas internas llegaron a provocar derramamientos de sangre. Algunos incidentes menores instalaron una guerra sin bandos ni lealtades:

  • la facilidad con que el Encargado Suplente se ganaba el afecto de los usuarios y las gestoras, provocando una feroz envidia en el resto del plantel.
  • la manera de vestirse de Estela, que generaba miradas libidinosas de sus compañeros de trabajo y comentarios cizañeros de sus vecinas de escritorio.
  • el «hurto de novio» que Florencia le propinó a esa misma Estela.
  • El cuidado que ponía Gonzalo en resguardar sus útiles de trabajo de manos ajenas.
  • La disputa instalada por el uso de la computadora, fotocopiadora, el teléfono y la nueva abrochadora.
  • La arbitraria vara que utilizaba el Encargado Titular para medir la capacidad y el mérito de cada uno de sus empleados.
  • La persistencia con que Norberto elogiaba el empeño, la eficiencia, la celeridad, los modales, los conocimientos y hasta las opiniones ajedrecísticas del Encargado.
  • El «cambio de idea» de Alfredo, quien olvidó sus quince años de militancia en el Partido Comunista Revolucionario para adherir al liberalismo (cuando el Encargado Titular lo propuso como Suplente)
  • La indiferencia de Aníbal quien sólo trabajaba para mantener una cobertura social.

Los enfrentamientos se agudizaron, las «meriendas de reconciliación» que ideó Florencia no funcionaron y todo finalizó en una gran batalla. Volaron chapas alfanuméricas, equipos de fax y legajos que se creían extraviados.

Finalmente, todo el personal fue despedido y ahora puede verse a este mismo grupo de gente, entretejiendo similares maniobras a las siete de la mañana mientras hacen cola para pedir trabajo en distintas agencias de empleo.

En tanto nuestro Encargado (Roberto Etchenagucía, esa víctima del sistema que vio partir a su mujer cuando festejaba sus bodas de plata) continúa cobrando sus emolumentos y sólo ríe al recordar las absurdas disputas que presenciaba.

Etchenagucía cree que ganó tranquilidad; pero también es cierto que ahora extraña los elogios de Norberto, la indiferencia de Aníbal, las piernas de Estela y hasta los derramamientos de sangre que se producían frente a sus narices. Está pensando seriamente en volver a su viejo equipo de trabajo o —al menos— salir a recorrer agencias de empleo junto a ellos.

Alejandro Puga

Revista «Ámbito Registral», Agosto de 1997

Digesto de Costumbres Registrales – Tomo II

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *