Proponen unificar trámites para la compra y transferencia de autos en un solo predio

El diputado provincial Ramiro Gutiérrez (1 País), propuso unir y centralizar la serie de trámites que se requiere para la compra y transferencia de vehículo y para ello, solicitó que el gobierno bonaerense unifique en una misma Planta la realización de la Verificación Técnica Vehicular, el Registro Provincial de Verificación de Autopartes prevista en la ley 14497 y la Verificación Policial del Automotor.

«El mercado de la transferencia automotor está cargado de obligaciones y la verdad que es un trámite laberíntico, cuando alguien compra auto usado tiene que hacer tres tipos de verificaciones, la Verificación Técnica Vehicular, la Verificación Policial y la Verificación de Autopartes, estas tres inspecciones del rodado están en tres lugares diferentes», explicó el legislador, al tiempo que aclaró que el proyecto propone además instalar una planta verificadora cada 100 kilómetros.

Gutiérrez resaltó en ese sentido que «estas tres bocas de constatación no se encuentran en el mismo asiento físico, distando muchas de ellas a cientos de kilómetros entre sí, lo que configura un laberinto burocrático a costo y cargo del comprador de un vehículo automotor».

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Estado voraz: crece impacto de impuestos internos

En 2008 se comenzaba a pagar desde los 0km de u$s61.844. Ahora, desde u$s29.376, unos $528.000. De haberse mantenido al nivel de hace 10 años se tributaría a partir de $1.100.000.

No hay sector en la Argentina que no se queje por la fuerte presión impositiva. El automotor es uno de los más golpeados y viene reclamando a los gobiernos -al actual y al anterior- medidas para aliviar la carga tributaria.

Según estudios que realizó la asociación que agrupa a las terminales, el 55% del precio al público de cada 0km son impuestos. Pero este es el piso. Como se trata de un rubro que apunta a un segmento de la población con un poder adquisitivo medio y alto, es tentador sumarle nuevos tributos cada vez que la necesidad económica del Estado lo requiera.

Eso fue lo que sucedió en 2008, cuando Cristina de Kirchner decidió reimplantar los Impuestos Internos que estaban suspendidos desde hacía años. Ante la desaparición del superávit fiscal con el que había asumido el kirchnerismo y la necesidad de mejorar la recaudación, fue una buena excusa para sumar más carga tributaria al sector automotor que venía creciendo. Se lo presentó como un impuesto «al lujo» pero con el correr de los años se fue distorsionando.

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