Estado voraz: crece impacto de impuestos internos

En 2008 se comenzaba a pagar desde los 0km de u$s61.844. Ahora, desde u$s29.376, unos $528.000. De haberse mantenido al nivel de hace 10 años se tributaría a partir de $1.100.000.

No hay sector en la Argentina que no se queje por la fuerte presión impositiva. El automotor es uno de los más golpeados y viene reclamando a los gobiernos -al actual y al anterior- medidas para aliviar la carga tributaria.

Según estudios que realizó la asociación que agrupa a las terminales, el 55% del precio al público de cada 0km son impuestos. Pero este es el piso. Como se trata de un rubro que apunta a un segmento de la población con un poder adquisitivo medio y alto, es tentador sumarle nuevos tributos cada vez que la necesidad económica del Estado lo requiera.

Eso fue lo que sucedió en 2008, cuando Cristina de Kirchner decidió reimplantar los Impuestos Internos que estaban suspendidos desde hacía años. Ante la desaparición del superávit fiscal con el que había asumido el kirchnerismo y la necesidad de mejorar la recaudación, fue una buena excusa para sumar más carga tributaria al sector automotor que venía creciendo. Se lo presentó como un impuesto «al lujo» pero con el correr de los años se fue distorsionando.

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