Transferencia con fritas, $ 54.-

«Digesto de Costumbres Registrales», Compilación

Siempre me resultó atractiva —y lucrativa— la idea de que cada Registro Automotor habilite un mostrador destinado a cumplir funciones de kiosko, bar o drugstore (más acomodado a estos tiempos).

Piense usted en la multitud de artículos que tientan al consumo y al malgaste durante la espera: chiclets, cigarrillos, diarios o revistas de crucigramas. Si existe una mesa especial para atención de Mandatarios, por qué no pensar en otra mesa especial para la atención de personas circunstancialmente hambreadas: café con medialunas, sandwichs, gaseosas y panchos.

Nunca estará de más una máquina para fotocopiar documentos, facturas o estatutos. Son de insistente demanda los bolígrafos, los clips y hasta el regalo de algún cumpleaños que se recordó durante la espera. 

Pero si algo convirtió esta idea en obsesión compartida fue la utilización de termoselladores ¿Quién no necesita recubrir su carnet del club, su ficha de lector de la biblioteca barrial o su Cédula de Identidad? El termosellador es de utilización simple, de adquisición obligatoria y funciona sin ningún tipo de esfuerzo.

Nada puede convencer al Encargado o al Ministro de Justicia para desaprovechar la oportunidad. Los costos en materia prima son mínimos (si pensamos en el jamón y el queso) u obligatorios aún hoy (para el caso de los termoselladores). Y en cualquier caso la inversión es insignificante para los beneficios alcanzables. 

Sólo un inconveniente queda por solucionar. La AAERPA debe lograr que los precios se unifiquen por resolución y hasta por decreto para cualquier rubro.

Caso contrario se agigantarían los actuales malentendidos entre Encargados de Registro y se provocarían nuevos. Alguna bronca preexistente por demoras en los envíos de legajos o patentamiento de 0 Km. fuera de jurisdicción se pondría de manifiesto con legajo manchados de mayonesa, fetas de jamón numeradas como fojas y —sobre todo— una lucha encolerizada por los aranceles extra-registrales (promociones semanales, decoración del ambiente, descuentos especiales en el whisky consumido frente a una transferencia simultánea).

Y aún así, la idea no sería tan mala. El Encargado dejaría de sentirse un burócrata poderoso y pasaría a competir con el almacenero más próximo. La Encargada Suplente olvidaría la imposibilidad de certificar fotocopias de fotocopias certificadas y recordaría el buen trato de la quioskera de la esquina. La Interina dejaría de preocuparse por la foja 124 del Tomo II del Digesto y comenzaría a envidiar las piernas de la mujer de la fotocopiadora.

Todo empleado evitaría problemas en determinar quiénes pueden firmar por una sociedad, dejaría de señalar la falta del impuesto de emergencia u objetar la caligrafía de Don Ernesto. Mucho más, en cambio, se preocuparía por su aspecto, su ropaje y sus modales. 

Los inspectores evaluarían el gusto del café y las empanadas. Los asesores instruirían a la empleada de OCA por la forma de cuidar su figura y los colaboradores ayudarían a cosas serias, en lugar de informar el lugar donde debe colocarse el número de motor en la Hoja de Registro.

Los separadores -siempre relegados- distribuirían los legajos de acuerdo al esmero con que se haya tratado a las carpetas y de acuerdo al esmero que ponga la Encargada Titular en atenderlos a ellos.

Todo conduce a un mejoramiento general. Los Encargados lograrían más dividendos, el 381 se transformaría en un simpático número de quiniela, una sonrisa sería mucho más importante que el párrafo 2, artículo 3, Capítulo V del Tomo II del Digesto y todos —pero todos— viviríamos más felices.

Alejandro Puga

Revista “Legajo C”,

Septiembre de 1995

Dime qué Chapa usas…

«Digesto de Costumbres Registrales», Compilación

La nueva identificación alfanumérica de los automotores ha despertado cierta atracción alrededor del rutinario mundo registral. Ha provocado, incluso, arduas disputas entre usuarios que compiten por la asignación de chapas y ha generado un sinnúmero de consecuencias en la forma de lograrlas.

La chapa amagó con ser personal, pero con el sistema alfanumérico el automóvil logró una personalidad propia, a que su dueño queda irremediablemente adherido.

Puede imaginarse a quienes buscarán su nombre o sobrenombre en la placa: EVA, ANA, ALE, GUS, VIR, LUZ o TOM. Otros, en cambio, intentarán identificarse con su posición familiar: TIO, ABU, MAM.

Los grandilocuentes y soberbios buscarán los coches MUY-999, MAS-500 o TAN-200. Los maestros, por su parte, se jerarquizarán de acuerdo con chapas como ABC-001 o ABC-990.

Las chicas de mala vida, pero excelente presencia, expondrán públicamente sus tarifas de MIL-800, POR-700, VOY-500, DEN 300 u HOY 100 (cada vez menos recomendables).

Los personajes repetitivos pueden buscar autos repatentados como DOS-002, UNO-001 o BIS-500. Demás está nombrar los «aniversistas» (DIA-006, FEB-015, OCT-017 o DIC-024); quienes prevengan sobre el animal que llevan dentro (OSO-321, CAN-468), los redundantes (BUS-642 o CAR-637), los naturistas (OLA, RIO, MAR) o aquellos de mala relación con sus patrones (SIN-010).

Cientos de empresas, instituciones o grupos pueden, incluso, identificarse con las chapas de sus automóviles: AFA, IVA, FMI, UCR, DGR, ACA, YPF. 

Se comenta tras los muros que, agotadas las identificaciones alfanuméricas (son 17 millones de combinaciones posibles que, según se estima, bastarían sólo hasta el año 2010) se asignarán las chapas ALFA-ALFA, con lo que se amplía la gama de variantes. El anuncio alcanzaría para escribir dos páginas más, pero sobra con pensar en placas como SOR-ANA, CON-DON o VOY-HOY.

Ni que hablar de las chapas ALFA-ALFA-ALFA (tercera etapa), de las que ya se escucha hablar en el Ministerio de Justicia. Y se especula, incluso, con una cuarta etapa del reempadronamiento que consistiría en una apertura absoluta en la identificación de los automotores. Se podrá —dicen— incluir letras y símbolos; sin restricción de cantidades. Podrían verse chapas como: I ♥ YOU o SIN-VOS †, por ejemplo.

Lo cierto es que sólo con el panorama actual, cuatro tipos de negocios se vislumbran: 

  1. Turbias maniobras con los cambios de radicación. Domicilios inexistentes y guardas habituales apócrifas que facilitan el otorgamiento de la chapa que el titular desea.
  2. Orientación del mercado de las agencias. Vendedores de autos ANA, móviles LEY,  coches GAY o taxis GAS.
  3. Sobrevaluación y subvaluación de determinados rodados, más allá de su costo y calidad industrial (los autos OPA no costarán, evidentemente, lo mismo que los autos MIL).

Una cosa queda clara: nadie puede ignorar la chapa del auto que adquiere. Sólo queda un dilema entonces: tantear la posibilidad de que ese ALFA-NÚMERO se haya elegido deliberadamente o sólo haya tocado en suerte, sin considerarse su significado.

Alejandro Puga

Revista «Legajo C»,

Junio de 1995

Artículo 14 de la Constitución Nacional

Constitución Nacional Argentina, Artículo 14.- «Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender».